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Si bien, toda la comunidad creativa carece de un contexto adecuado para producir y vivir por lo menos de forma adecuada, existen líneas que dividen al diseñador freelance del artista freelance y del músico freelance. 
-El primero entiende que existen ciertos clientes que si bien no le aportan mucho territorio creativo funcionan como plataformas económicas para después llevar acabo proyectos mas arriesgados. Seducidos por el dinero y por la tendencia de utilizar HELVETICA en todos su proyectos, rápidamente se institucionalizan para olvidarse de todas las promesas que hicieron en su juventud. 
-El segundo, frustrado porque no existe un circuito de profesionalización ni un mercado formal de venta que le permita introducir nuevas propuestas, se defiende alegando que lo suyo, lo suyo… es la producción inmaterial. Y que no ha tenido el tiempo de producir obra comercial para sustentar sus otros proyectos porque ha estado muy ocupado en su labor como promotor y gestor de arte relacional. 
-El tercero tiene un pavor enorme de romper con la mística y las promesas de generaciones pasadas tatuadas en su profesión, así que niega toda posibilidad de producir un jingle alegando que esto lo distrae de sus metas verdaderas. 
Tocar en una boda parece una herejía que ningún rockero cristianos de hueso colorado esta dispuesto a cometer y en caso de ver sus carreras truncadas prefieren dar el salto a otra profesión de fácil acceso (taquero) que seguir buscando las variables que su propio esquema profesional ofrece para producir dinero (dar clases de música a niños y señoras). 
NONE CERO BAND – Es tan complicado como la profesión de los piratas, de puerto en puerto sin reglas, ni leyes, viviendo con un parche en el ojo económico y queriendo observar todo con el ojo creativo.

 


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