Cuando en la juventud se presenta una ruptura sentimental y una pareja se desborda, el divorcio lejos de plantearse en una separación de bienes materiales se establece dentro de una plataforma de negociación emocional compleja y sumamente abstracta. En lo personal, el divorcio musical es la negociación que mas me ha costado, el tener que separar discos, artistas, géneros,,, para volver a plantear limites, parámetros, aquellos que son (eran-serán) míos y los que le tocan a ella, me ha resultado una tarea sumamente violenta y desgastante. 
Al principio, aparecieron ciertas bandas que a nadie le intereso negociar, era muy claro su posición dentro del mapa. Después en la lista vinieron las incomodas que se nos quedaron en medio y serán esos amigos en común que no quisieron opinar en el caso, tomar lado o partida, que optaron por quedarse en el genero tibio haciendo que yo me sintiera dramáticamente ofendido y reaccionara con desapego. Por estar en el genero terco, perdí muchísimas bandas que me gustaban pero de alguna forma absurda y extraña, yo solo respondía a lo que se presentaba ante mi como una forma de traición frontal. 
Hay algunas que me pertenecen, son mías y podrías revisar el historial. 
Venían dentro de mi maleta, son mi referente, mi mapa de gustos, afectos, 
mi catalogo de expresión. 

Podría renunciar a la música para renunciar a ti, pero hay un pacto que tengo con ciertas canciones que no puedo romper, no se, es difícil de explicarlo, ellas me construyen, tu me desarticulas.
 


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